In Essentia

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Apertura y cierre

TOdo lo que empieZa ,Termina

Ayer, en una sesión con alguien que es cliente, paciente, y también amigo, un querido amigo, con un alma limpia, apareció un tema muy sencillo y a la vez muy profundo:

La apertura y el cierre.

Solemos escuchar eso de que todo lo que empieza, termina.

Y curiosamente, cuando pensamos en esa frase, la atención se nos va casi siempre al final: al cierre, a la despedida, a lo que se acaba.

Como si lo importante estuviera ahí. Y sí, lo está… pero no es lo único.

Porque si algo termina, es porque en algún momento comenzó.

Miramos tanto el final que casi olvidamos el inicio.

Empezar es abrir algo donde antes no había nada.

La apertura implica cambio. Siempre.

No es casualidad que muchas personas prefieran quedarse en lo conocido antes que atravesar esa incertidumbre. Sin embargo, es precisamente ahí donde aparece la posibilidad de crecer.

Abrir tiene que ver con estar presente, con reconocer qué me pasa aquí y ahora y hacerme cargo de ello.

Cerrar implica darme cuenta de que algo ha llegado a su fin y permitir que termine.

Cuando veo con claridad que algo se ha acabado, lo dejo ir.

Si me quedo, entro en ese terreno repetitivo, gastando energía en algo que no se resuelve, que vuelve una y otra vez.

Si lo suelto, algo se ordena.

Dejar ir no es un gesto superficial; es permitir que algo muera, en el sentido más profundo de la palabra, para poder seguir avanzando.

En la Grecia antigua, las Moiras cumplen una función similar: una inicia el hilo, otra lo sostiene y otra lo corta. Hay un comienzo, un desarrollo y un final. Y los tres forman parte de lo mismo.

También la Medicina Tradicional China habla de estos movimientos. El elemento metal, asociado al pulmón, está relacionado con la capacidad de soltar y con la emoción de la tristeza.

Y esto no es casual. La tristeza, cuando puede vivirse sin quedar atrapado en ella, nos conecta con lo que se ha perdido, con lo que ya no está.

Nos ayuda a recoger, a cerrar, a despedirnos. Es, en ese sentido, una emoción profundamente reguladora, que nos recuerda que todo ciclo tiene su final. 

¿Y cómo se cierra algo?

Para mí, empieza por algo muy básico y a la vez muy difícil: darse cuenta.

Reconocer de verdad que eso ya terminó. Sin ese paso, no hay cierre posible.

Cuando ese darse cuenta aparece, llega el momento de la aceptación.

Aceptar que algo, que haya sido bonito o difícil, ya no va a volver. 

Cerrar abre la puerta a la despedida. 

Lo conocido desaparece y deja un espacio que al principio puede resultar incómodo. Pero es precisamente ese espacio el que hace posible que algo nuevo entre.

Y que algo termine no significa que desaparezca el amor. Lo que cambia es la forma. El vínculo se transforma, pero no necesariamente se borra.

Al final, cerrar tiene más que ver con vaciar que con perder.

Es hacer espacio.

Porque la vida no deja de moverse: empieza, crece, termina… y vuelve a empezar. Y quizá la cuestión no sea evitar los finales, sino aprender a habitarlos sin olvidar que, antes de cada cierre, hubo un inicio que también merece ser mirado.

Este post lleva tu nombre, amigo.

Va con tu esencia, con tu risa y con todo lo que dejas en los demás sin darte cuenta.

Te quiiiierrroooooo (Guiño-guiño)

Y al final, la vida es eso: un constante abrir y cerrar.

Etapas que comienzan, otras que terminan… y todo lo que nos transforman en el camino.

En mi consulta también acompaño esos movimientos:
abrimos procesos y los cerramos, ya sean de nutrición o de terapia, respetando siempre tu ritmo y tu momento.

Si te encuentras en un momento de apertura o de cierre y sientes que necesitas acompañamiento, puedes contactarme. Estoy aquí para caminar contigo.

Si te ha gustAdo y te apetece, coMpártelo!!

DESCUENTOS ACTIVOS BLOQUEADORES DE LUZ AZUL Y SALUD MITOCONDRIAL:

CÓDIGO: RAQUELGONZALEZ

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